Éste es el 8M en Japón. Un movimiento aún reducido de mujeres y acompañantes que se manifiestan contra el avasallante sexismo en el ámbito laboral, contra la sexualización de niñas y adolescentes, contra la negación de la existencia de las «mujeres del confort» durante la Segunda Guerra, contra el hecho de ser uno de los países con menor participación de mujeres en el ámbito político, contra ocupar en 2017 el puesto 114 de 142 paíes en lo que respecta a desigualdad sexista (datos del Global Gender Gap Report). También ocurrieron recientemente cambios positivos. Yuriko Koike se impuso en 2016 como la primera mujer en gobernar Tokio, por mucho que Shintaro Ishihara, ex-gobernador y peso pesado del Partido Liberal Demócrata, había dicho sobre ella: «No podemos dejar a la ciudad en manos de una mujer con tanto maquillaje». Hoy en día cobran más y más protagonismo exponentes feministas: la socióloga Chizuko Ueno, la escritora Minori Kitahara, la cineasta Hisako Matsui, entre tantas otras. En este preciso momento y a pesar de la lluvia, se calcula que hay más de 750 personas marchando por el distrito de Shibuya. La marcha del año pasado había convocado a no más de 300.




Sitio oficial del movimiento organizador
Asia-Japan Woman’s Resource Center, aquí.
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